lunes, 1 de marzo de 2010

Tiempo inquieto

Y en el medio el tiempo inquieto, parecía el principio del fin, tal como llego de pronto se fue alejando despacio sin prisa con pausa para renace en una respiración que sabe de la espera, de calmar, cada minuto como un amor desesperado que no caber en sí, que se enaltece y no se aniquila
En tus ojos el cielo corre,  cuál represente tempestad  qué se avanza.
En tu cuerpo se huele el olor de tierra  y de hierba mojada,
En tus oídos oigo tocas de truenos, en tu  boca el grito,  qué de tempestad engendrada,  avisa al mundo del amor perdido.
Bajo tus pies el vacío,  de un malogrado sentir,  última salvación a la ausencia anunciada.
En tu cabeza el estruendo  de mil recuerdos, cubre truenos  el agobiante concierto.
En tu alma el frío  de mil palabras nunca dichas,  ni de amor ni de odio.
En tu corazón la evidencia  qué del oído amor  mentira se divulga.
En tu cuerpo el fuego  qué todo consume,  se consume y se extingue.
Sobre tu piel el hielo de la noche  despierta la mente  qué del abismo se cobra.
En tu cerebro, el silencio de la luna  que como un dolor se mete
El día, como única salvación. 
Satisfacción de luz y amaneceres de color

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