Y en el medio el tiempo inquieto, parecía el principio del fin, tal como llego de pronto se fue alejando despacio sin prisa con pausa para renace en una respiración que sabe de la espera, de calmar, cada minuto como un amor desesperado que no caber en sí, que se enaltece y no se aniquila
En tus ojos el cielo corre, cuál represente tempestad qué se avanza.
En tu cuerpo se huele el olor de tierra y de hierba mojada,
En tus oídos oigo tocas de truenos, en tu boca el grito, qué de tempestad engendrada, avisa al mundo del amor perdido.
Bajo tus pies el vacío, de un malogrado sentir, última salvación a la ausencia anunciada.
En tu cabeza el estruendo de mil recuerdos, cubre truenos el agobiante concierto.
En tu alma el frío de mil palabras nunca dichas, ni de amor ni de odio.
En tu corazón la evidencia qué del oído amor mentira se divulga.
En tu cuerpo el fuego qué todo consume, se consume y se extingue.
Sobre tu piel el hielo de la noche despierta la mente qué del abismo se cobra.
En tu cerebro, el silencio de la luna que como un dolor se mete
El día, como única salvación.
Satisfacción de luz y amaneceres de color
lunes, 1 de marzo de 2010
Tiempo inquieto
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