martes, 11 de noviembre de 2008

La era puchades y La era Di Stéfano

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A pesar de que no se pudieron repetir los éxitos logrados en la década anterior, en los años cincuenta, sobre todo en la primera mitad de la década, el fútbol desarrollado por el club de Mestalla volvió a brillar. La calidad de los futbolistas era grande, pero una serie de factores influyeron para que el rendimiento fuera menor. En esta década llegaron los jugadores extranjeros al fútbol español, lo que acrecentó el poderío de algunos clubes, como el Real Madrid de Di Stéfano y el Barcelona de Kubala.
    
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El futbolista más destacado del Valencia de los cincuenta fue, sin ninguna duda, Antonio Puchades. Muy pronto, el de Sueca se convirtió en el estandarte del equipo y, hasta su retirada, pieza fundamental en el club.
     En esta década se acometieron las obras de remodelación y ampliación del estadio: la creación del Gran Mestalla. El reto del club era crear un marco donde disputar los encuentros acorde con la importancia del equipo, de la ciudad y con el gran número de aficionados valencianistas. El objetivo se consiguió, pero el enorme esfuerzo económico repercutió negativamente sobre la plantilla, que, en ocasiones, no pudo ser reforzada en condiciones.
     La remodelación, que permitió que Mestalla pudiera dar cobijo a 45.000 espectadores, supuso una inversión próxima a los cien millones de pesetas, una cifra muy alta para aquellos tiempos. Pero la casa de los valencianistas se convirtió en uno de los mejores estadios españoles, lo que con el tiempo le llevaría a ser sede de la selección nacional en el Mundial de 1982 celebrado en España, así como en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92.
    
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Otro nombre destacado en el Valencia de los 50 es Jacinto Quincoces. Con él se afianzó un nuevo Valencia, con los jugares más jóvenes de la década anterior como Monzó, Pasieguito, Puchades o Seguí, y los fichajes (Wilkes, Santacatalina, Buqué, Sendra, Mañó, Mangriñán, Quincoces II, Pla, Sócrates, Gago, Badenes, Quique, Fuertes o Taltavull, entre otros). La continuidad de Quincoces como entrenador se prolongó desde 1948 hasta 1954.
     La temporada 50-51 fue la primera en la que participaron 16 equipos. El campeonato del Valencia fue muy irregular. En Mestalla cayeron los grandes y los equipos mejor clasificados, pero se perdió ante del Deportivo y el Celta y no se pudo pasar del empate ante conjuntos como el Santander o la Real Sociedad. El Valencia acabó tercero y en la Copa del Generalísimo se cayó a las primeras de cambio ante el Real Madrid. El presidente presentó la dimisión, aunque Luis Casanova fue convencido para continuar en un cargo que no abandonaría hasta 1959.
     El Valencia accedió a dos finales de Copa, ambas disputadas contra el Barcelona. La primera fue en 1952. Ese año la liga no fue mala, ya que el equipo se clasificó en quinta posición, en la que sería la peor campaña de Quincoces como técnico che. En Copa, tras superar a Sevilla y Zaragoza, llegó a semifinales, donde se vio las caras con el Real Madrid, al que también se impusieron. El último escollo para lograr el título era el Fútbol Club Barcelona, con el que se midió en Chamartín el 25 de mayo de 1952. Badenes adelantó al Valencia en dos ocasiones y encarriló la final para el conjunto valenciano. Pero el auténtico ‘palo’ estaba por llegar: antes del descanso, el conjunto blaugrana logró acortar diferencias. En el segundo tiempo todo fueron desgracias para el conjunto dirigido por Quincoces y la remontada del Barça se consumó, logrando un marcador final de 4-2.
   
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  En la temporada 51-52, el Mestalla jugó en Segunda División. El entrenador, Carlos Iturraspe, le pidió a Juan Ramón que participara con el filial valencianista. Con el veterano jugador de Erandio, el Mestalla quedó segundo clasificado y disputó la liguilla de ascenso, en la que superó al Gijón, Santander, Alcoyano, Logroñés y Ferrol, aunque el club renunció al ascenso del filial. Esta decisión generó una fuerte polémica en Valencia, ya que había aficionados que consideraban que el equipo debía subir, aunque el Valencia dejó claro que la función del Mestalla, fundado en 1944, debía ser la formación de jugadores para la primera plantilla.
     La temporada 52-53 fue buena para el Valencia. Se proclamó subcampeón jugando muy bien y con una plantilla renovada con jugadores mestallistas, como Sendra, Mañó, Mangriñán y Sócrates. El Barcelona fue el campeón y el Valencia echó por tierra sus aspiraciones en el último mes de competición. Además, el mismo Barça se encargó de eliminar al Valencia en la Copa.
     La liga siguiente pasó bastante inadvertida, aunque lo cierto es que los de Quincoces acabaron en tercera posición, por detrás de Madrid y Barça. Lo mejor de aquel año fue la consecución de la Copa del Generalísimo. El rival fue de nuevo el Barcelona, pero esa vez el equipo catalán cayó estrepitosamente por 3-0, por lo que el club de Mestalla se tomaba una merecida revancha de la final de 1952. Aquel 20 de junio de 1954, Quincoces alineó a Quique, Monzó, Puchades, Badenes, Pasieguito, Seguí, Sócrates, Juan Carlos Quincoces (sobrino del entrenador), Mañó, Fuertes y Buqué. Los goles fueron anotados por Fuertes, en dos ocasiones, y Badenes. Éste fue un triunfo histórico en Chamartín y la imagen de la final fue la del guardameta Quique sentado en el larguero, que simbolizaba la superioridad del Valencia.
     Con este título de Copa, el Valencia cerró el capítulo de éxitos deportivos bajo la presidencia de Luis Casanova. Tras la Copa, se vivió una etapa de transición que no agradó a la afición. Hasta finales de esta década, aunque seguía habiendo jugadores de calidad, el club de Mestalla no estuvo nunca en situación de ganar la Liga ni volvió a acceder a una final copera.
    
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Además de Puchades, otros grandes jugadores pasaron por las filas valencianistas en la segunda mitad de la década. Uno de los de más calidad fue Servaas Wilkes, un holandés procedente de Italia que era un auténtico malabarista con el balón en los pies y que encandiló a la afición en sus tres temporadas como jugador del Valencia.
     Durante once temporadas, el navarro Juan Carlos Quincoces vistió la elástica blanca y demostró ser un defensa efectivo y muy regular, que jugó todos los partidos oficiales desde la campaña 54-55 hasta la 58-59 (120 encuentros consecutivos de Liga, más los de Copa).
     En enero de 1956 debutaba con el Valencia Manolo Mestre, un jugador nacido en Oliva y que se convirtió en el valencianista que más partidos de Liga había disputado en este club hasta que Ricardo Arias le superó en los noventa.
    
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La riada que afectó a Valencia en 1957 también salpicó al club de la Avenida de Suecia. Tras este desastre siguieron años de austeridad y de mediocres resultados deportivos. Definitivamente, el presidente que más años ha estado en el club, Luis Casanova, dejaba la presidencia tras casi dos décadas. El mandatario no negó nunca que la muerte de su estrecho colaborador Luis Colina fuera uno de los factores determinantes de su decisión. Le sustituyó Vicente Iborra. Con él, pero sobre todo con su sustituto Julio de Miguel, el Valencia entraría en los años sesenta, caracterizados por los éxitos europeos.
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LA ERA DE ALFREDO DI STÉFANO
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Alfredo di Stéfano aterrizó en el Valencia en abril de 1970, en un momento malo para el club de Mestalla, sustituyendo al tándem formado por Enrique Buqué y Salvador Artigas. En esa temporada, el Valencia volvió a perder una final de Copa en Barcelona, esta vez ante el Real Madrid (3-1). Montjuïc volvió a ser un estadio gafe para los intereses del Valencia, que en esa final lo tuvo todo a su favor: el Madrid se presentaba a ese partido con una de las peores clasificaciones ligueras de su historia, en la primera parte cayeron lesionados Grosso y Amancio, pero los madrileños se impusieron finalmente.

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    La primera temporada de Di Stéfano al frente del equipo es una de las más intensas, recordadas y emocionantes de la historia valencianista y significó la última liga conseguida hasta la fecha. Di Stéfano hizo un conjunto nuevo, sólido y fuerte en defensa con hombres como Sol, Aníbal, Jesús Martínez y Antón, envolviendo a un seguro en la portería: Abelardo. Fútbol inteligente y preciso en el centro del campo, donde el punto de referencia era Pepe Claramunt; y una delantera ágil, rápida e ideal para el contragolpe que tuvo en Forment, Valdez, Sergio y Pellicer a sus piezas básicas.
     
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La temporada 70-71 era la última que disputarían 16 equipos y tras los primeros partidos el Valencia era un serio aspirante a perder la categoría. Poco a poco, los resultados fueron acompañando y el Valencia se afianzó en la zona media de la tabla. El gran partido de ese campeonato fue el que se jugó en el Nou Camp. Allí el Valencia se impuso al Barcelona 0-2, con goles de Claramunt y Valdez, y Abelardo detuvo una pena máxima. Fue un espaldarazo para que el Valencia presentara sus credenciales para ganar el título.
     Lo que más se recuerda de aquella temporada es el último partido de liga, disputado en Sarriá. El Valencia llegó como líder, con 43 puntos, mientras que el Barcelona y el Atlético de Madrid, que se enfrentaban entre sí, tenían 42 y 41, respectivamente. El equipo de Di Stéfano necesitaba un punto que no consiguió, ya que cayó ante el Español por 1-0, pero al empatar colchoneros y culés el título fue a parar a las arcas valencianistas. Muchos analistas coinciden en que el Valencia ganó su cuarta liga gracias a la solidez defensiva y a los únicamente 19 goles que recibió Abelardo.
    
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Finalizada la liga, el Valencia afrontaba la Copa convencido de que se podía repetir el doblete logrado en 1944, El conjunto che llegó a la final, eliminando a Mallorca, Betis, Málaga y, ya en semifinales, al Sevilla. Llegaba a la final sin conocer la derrota, con dieciocho goles marcados en ocho partidos, como campeón liguero y con la moral por las nubes. El escenario fue el Santiago Bernabéu y el rival, un escocido Barcelona. El triunfo fue para el equipo catalán, que, en una gran final, venció a los valencianistas por 4-3. El Valencia no pudo poner la guinda a una de las mejores temporadas de su historia.
     La consecución del título de Liga dio la oportunidad de estrenarse en la Copa de Europa, máxima competición del fútbol continental. El paso del Valencia por esta competición fue efímero, ya que superó al Luxemburgo y al Hajduk Split y en tercera ronda cayó ante el Ujpest Dosza.
    A pesar de que posiblemente el Valencia tenía mejor equipo que el que ganó la Liga, en la temporada 71-72 sólo se pudo conseguir el subcampeonato. Era el vigente campeón, y todos los equipos le tenían muchas ganas. Las incorporaciones de Quino, Adorno y Lico mejoraron el potencial del equipo, aunque no fue suficiente para repetir el éxito de la anterior campaña y el campeón fue el Real Madrid.
     Una vez más, el Valencia volvió a perder una final de Copa, esta vez ante el Atlético de Madrid por 2-1. Se adelantó Salcedo, empató Valdez y el gol de la victoria madrileña fue anotado por José Eulogio Gárate. Esta derrota supuso un nuevo revés para los más de 20.000 valencianistas que presenciaron el partido.
    
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En 1973 se produjo el adiós del presidente Julio de Miguel, un año después de la muerte en Mestalla del gerente Vicente Peris, su mano derecha. Tras la marcha del presidente, el Valencia pasó por la Liga sin pena ni gloria. En la primera edición de la Copa de la UEFA, competición sustituta de la Copa de Ferias, el Valencia debutó ante el Manchester City, pero cayó en la siguiente ronda ante el Estrella Roja de Belgrado.
Francisco Ros Casares tomó el relevo de Julio de Miguel, con una directiva con mucha oposición que tuvo, como mayor éxito, la adquisición de los terrenos de Paterna, donde se ubicaría la futura Ciudad Deportiva del Valencia.
     El fútbol español abrió sus fronteras, lo que permitió que cada equipo pudiera tener en sus filas a dos jugadores extranjeros, lo que finiquitaba el problema de los oriundos. Uno de los primeros en llegar a Mestalla fue Salif Keita, un delantero de Malí que venía de triunfar en el fútbol francés. El otro fichaje extranjero fue el austriaco Kurt Jara. La temporada fue mala y el Valencia ni siquiera participó en competición europea, hecho que no se producía desde su debut en 1961.
   
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A pesar de que esta etapa fue muy complicada, el Valencia no dejó de contar con grandes jugadores en sus filas, como fue el caso de Johnny Rep, un magnífico extremo derecho holandés procedente de uno de los mejores equipos europeos del momento: el Ajax de Amsterdam.
     Tras la era Ros Casares le llegó el turno a José Ramos Costa, proclamado presidente en enero de 1976. Bajo su presidencia, el club de Mestalla vivió una trayectoria deportiva marcada por los títulos de Copa en 1979 y Recopa en 1980, aunque desde el punto de vista económico el Valencia comenzó su endeudamiento, provocado, en gran medida, por las obras de remodelación de Mestalla para ser sede en el Mundial de 1982.

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Fuente: http://www.valenciacf.com/ver/65/historia.html#la_era_di_estefano_anchor

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